Ensayo · Jalisco y alianzas
Guadalajara y el Mundial: el verdadero legado para una ciudad
Un Mundial no se mide por los goles. Su impacto se proyecta cuando las inversiones se convierten en beneficios tangibles.
Un Mundial de Fútbol no se mide únicamente por los goles, la asistencia a los estadios o la emoción de los aficionados. Su verdadero impacto se proyecta a mediano y largo plazo, cuando las inversiones realizadas se convierten en beneficios tangibles para la sociedad y el ecosistema empresarial, a partir de factores como la economía y la competitividad de las ciudades sede.
México tuvo el privilegio de albergar una vez más la máxima fiesta de ese deporte, la FIFA World Cup 2026™, con tres extraordinarias sedes: Ciudad de México, Monterrey, Nuevo León, y Guadalajara, Jalisco. Cada una aportó una propuesta distinta y valiosa. La capital del país ofreció su historia, su dimensión global y su capacidad para recibir eventos de talla internacional. Monterrey reafirmó su fortaleza económica, industrial y empresarial. Sin embargo, si observamos el balance integral entre infraestructura, movilidad, conectividad, experiencia del visitante y legado urbano, Guadalajara se consolidó como la sede más completa del Mundial.
En ese contexto, de acuerdo con análisis muy puntuales, como es el caso del reporte de LiiSA, «Tracking Político Emocional: Goles que rompen Tendencias», lo que distinguió a la Perla Tapatía no fue solamente la calidad de los partidos disputados en el Estadio Guadalajara. La diferencia estuvo en haber llegado al evento con resultados tangibles. Durante años se habló de obras necesarias para modernizar la movilidad metropolitana y fortalecer la conectividad.
El Mundial se convirtió en el catalizador para acelerar esos proyectos y, lo más importante, para entregarlos. La inversión en infraestructura y movilidad superó los 12 mil millones de pesos, enfocándose en corredores estratégicos, accesos metropolitanos y mejoras urbanas de largo plazo.
Entre las acciones más relevantes destaca la transformación de los accesos al Aeropuerto Internacional de Guadalajara, la intervención de la carretera a Chapala y la puesta en marcha de nuevos esquemas de transporte que facilitaron el desplazamiento de los ciudadanos. Estas obras no fueron diseñadas para el periodo del evento; fueron concebidas para proyectar a la ciudad durante las próximas décadas.
El aeropuerto, por su parte, fue una de las grandes pruebas de fuego y se probó con resultados históricos. Durante junio de 2026 registró, aproximadamente, 1.5 millones de pasajeros y 13 mil 930 operaciones aéreas, un crecimiento significativo respecto al año anterior. Además, alcanzó récords diarios de hasta 639 operaciones, manteniendo la continuidad de los servicios y una operación eficiente incluso bajo condiciones de demanda extraordinaria.
Durante décadas, los ciudadanos demandaron mejores conexiones urbanas, accesos más eficientes y una visión de movilidad metropolitana moderna. El Mundial generó la urgencia política, económica y social para convertir esos planes en realidad. Ese es el legado que permanecerá cuando desaparezcan los reflectores, las transmisiones y las ceremonias de clausura.
Al mismo tiempo, debemos ser honestos. Los megaproyectos siempre generan debate. Existen cuestionamientos legítimos sobre costos, prioridades presupuestales y beneficios distribuidos de manera equitativa. El éxito definitivo del Mundial no dependerá de la emoción que provocó del 11 de junio al 19 de julio, sino de la capacidad para aprovechar las inversiones realizadas durante los próximos años.
Desde mi visión, no sólo como empresaria, sino como tapatía y consumidora de una opinión pública objetiva y crítica, les comparto mis Reflexiones con Propósito:
Reflexiones con Propósito
Guadalajara cumplió. La ciudad demostró que puede competir al más alto nivel internacional. Las obras comprometidas avanzaron, la infraestructura respondió y la experiencia para visitantes y residentes confirmó que Guadalajara está preparada para albergar eventos globales de gran escala.
El legado va más allá del futbol. Las mejoras en movilidad, conectividad y operación aeroportuaria representan activos permanentes para la región. La inversión realizada fortalece la competitividad económica de Jalisco.
El verdadero examen apenas comienza. Las obras ya están hechas, pero ahora corresponde garantizar su mantenimiento, eficiencia y aprovechamiento social. El legado será exitoso solamente si genera beneficios sostenibles e incluyentes para toda la comunidad.
El Mundial de Futbol, FIFA 2026, nos dejó grandes momentos deportivos para México y Guadalajara demostró algo aún más importante: la evidencia de que una ciudad puede utilizar un evento global como plataforma para acelerar su transformación. Y cuando se analiza el equilibrio entre visión, ejecución y resultados, Guadalajara no solo fue una sede mundialista; fue, probablemente, la sede que mejor entendió que el verdadero partido siempre se juega después del último silbatazo.